Rojo y blanco
Rojo y blanco Las señoras de Marcilly y de Commercy, que eran ya de edad avanzada, afectaron, al ver entrar a aquellos caballeros en el salón, un sentimiento tal de espanto, como si hubieran visto entrar a los agentes del Terror de 1793. La recepción fue diferente en casa de las señoras de Puylaurens y de Hoquincourt; por lo que pudo verse, el personal del servicio recibió órdenes de burlarse de los oficiales superiores del 27.º, y tanto al entrar como al salir, a su paso por la antecámara, fueron escoltados por risas excesivas. Las raras frases que un extraordinario asombro permitió a las señoras de Hoquincourt y de Puylaurens, fueron cuidadosamente escogidas de manera que alcanzaron el punto en que la impertinencia se confunde casi con la grosería, sin que pueda tildarse de ello a la persona que adopta dicha actitud. En casa de la señora de Chastelle, donde la servidumbre era más escogida, se cerró simplemente la puerta a aquellos caballeros.