Rojo y blanco

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Al mismo tiempo vio un gabinete literario en el cual estaban encendiendo los quinqués; mandó su caballo a la cuadra y entró en el local para intentar cambiar de ideas y tranquilizar un poco su espíritu. Al día siguiente, a las siete de la mañana, el coronel Malher le hizo llamar.

—Caballero —le dijo su jefe con aires de importancia—, es posible que en Francia, para su desgracia, haya republicanos, pero desearía muy sinceramente no los hubiera en el regimiento que el rey me ha confiado.

Y como Luciano le mirara atónito, continuó:

—Es inútil que lo niegue, señor; sé perfectamente que pasa usted la Vida en el gabinete de lectura de Schmidt, en la calle de la Pompe, frente por frente de la casa de los señores Pontlevé. Estoy informado de que ese local es un antro de anarquistas, frecuentado por los más rabiosos jacobinos de Nancy. ¿No ha sentido usted vergüenza de mezclarse con esos desharrapados que se dan cita allí todas las tardes? Continuamente se le ha visto pasar una y otra vez por delante de dicho establecimiento, y cambiar signos de inteligencia con aquélla, gentuza. Se puede incluso llegar a creer que es usted el suscriptor anónimo de Nancy a que hace referencia el señor general barón Thérance, que mandó ochenta francos para colaborar en la suscripción iniciada para el pago de la multa impuesta al National…


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