Rojo y blanco
Rojo y blanco Luciano supo por el caballero Billars que habÃa en Nancy un médico célebre y de extraordinario talento y, además, muy bien visto en la alta sociedad local a causa de sus furibundas opiniones en favor del legitimismo: se trataba del doctor Du Poirier. Por cuanto le decÃa el caballero de Billars, Luciano comprendió que aquel doctor podÃa ser muy bien el factótum de la localidad, y, en cualquier caso, un intrigante que serÃa interesante conocer.
—Es absolutamente preciso, mi querido señor, que me traiga usted mañana a ese doctor Du Poirier; dÃgale que estoy grave.
—¡Pero si no lo está!
—¿No cree usted que es indicado empezar con una mentira la relación con un famoso intrigante? Cuando esté aquÃ, haga el favor de no contradecirme en lo que yo diga; déjeme hablar y oiremos lindas cosas sobre Enrique V, Luis XIX, y quizá con ello nos podamos divertir un poco.
—Su herida es una cuestión quirúrgica, y no veo que un doctor en Medicina, etc., etc.
El caballero Billars consintió finalmente en ir a buscar al doctor, porque comprendió que si no iba a buscarle, Luciano podÃa muy bien escribirle directamente.
El célebre doctor fue al dÃa siguiente.
—Este hombre tiene, el triste aspecto de un energúmeno —se dijo Luciano.