Rojo y blanco
Rojo y blanco Nuestro héroe se había figurado, con bastante ligereza, que podría divertirse fácilmente a costa de una especie de espíritu selecto de provincias, conversador sobre temas de su profesión. Encontró que la lógica provinciana es preferible a sus sutilidades. Muy lejos de poder burlarse de Du Poirier, tuvo él serias dificultades para no caer en alguna situación ridícula. Lo que sí puede afirmarse es que su hastío se vio repentinamente curado gracias a la visita de aquel ser tan extraño.