Rojo y blanco
Rojo y blanco Aquella imprevista salida, dicha con extraordinaria vehemencia, ya que Luciano se estaba muriendo ante el temor de estallar en carcajadas, dejó al doctor, por un instante, como aturdido. Finalmente pudo contestar, con tono lastimero y voz que recordaba a la de un cura de aldea:
—Compruebo con la mayor satisfacción que usted, señor, respeta todo lo que es respetable.
El cambio del tono libre y satánico que hasta entonces habÃa sido el general de la conversación, por aquel otro paternal y moral, hizo enrojecer de felicidad a Luciano.
—He sido demasiado listo para este hombre —se dijo—; le obligo a dejar los razonamientos polÃticos para que haga una llamada a sus emociones.
SentÃa que se apoderaba de él la verbosidad.
—Lo respeto todo y no respeto nada, mi querido doctor —replicó Luciano con tono ligero; y como el doctor estuviera atónito, continuó como para expresar mejor su pensamiento—: Respeto todo aquello que respeten mis amigos; pero ¿quiénes son mis amigos?
Ante aquella interrogación tan directa, el doctor volvió a caer en el género vulgar; se limitó a hablar de ideas anteriores a toda conciencia humana, de revelaciones Ãntimas hechas en el corazón de cada cristiano, de entrega a la causa de Dios, etc., etc.