Rojo y blanco
Rojo y blanco —AsÃ; si estuviera usted enfermo, ¿le mandarÃa llamar?
—Me guardarÃa muy bien de hacerlo; una buena medicina administrada a destiempo dejarÃa a L’Aurore sin el único de sus redactores que, como él dice, tiene el demonio en el cuerpo.
—¿No decÃa que todos ellos son valerosos?
—Sin duda alguna, e incluso muchos de ellos son más inteligentes que yo; pero no todos tienen como única finalidad de su vida la felicidad de Francia y la república.
Luciano tuvo que aguantar de Gauthier lo que los jóvenes de ParÃs llaman una lata sobre América, la democracia, los prefectos escogidos obligatoriamente por el poder central entre los miembros de los consejos generales, etc.
Mientras escuchaba aquellos argumentos mil veces escritos, Luciano pensó;