Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Qué diferencia de inteligencia entre Du Poirier y Gauthier! Y probablemente este último es tan honesto comp el otro un bribón. A pesar de mi profunda estimación por él, me estoy cayendo de sueño. ¿Puedo, después de esto, titularme republicano? Esto me demuestra que no estoy hecho para poder vivir bajo un régimen republicano; serÃa para mà sufrir la tiranÃa de todas las mediocridades, y no puedo soportar con sangre frÃa ni aun las más estimables de ellas. Necesito algún primer ministro pillo y divertido, como Walpole o Talleyrand.
En aquel momento, Gauthier terminaba su discurso con estas palabras… Pero nosotros no tenemos americanos en Francia.
—Tome un comerciante de Rouen o de Lyon, avaro y sin imaginación, y tendrá un americano.
—¡Ah, cuán afligido me siento! —exclamó Gauthier levantándose tristemente y saliendo del apartamento cuando daba la una.
Granadero, ¡cómo me afliges!