Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Bien, muy bien, joven! —exclamó Du Poirier con aire paternal y profético.
—Si mis camaradas sé enteran de esto —se dijo Luciano—, habrá que tener cuidado con el segundo desafÃo; el calificativo de hipócrita va a llover sobre mÃ. Pero ¿cómo se enterarán? Ellos no viven en medio de este mundo; todo lo más será el coronel quien sepa algo a través de sus espÃas; y, a fe mÃa, que si se entera, tanto mejor: hipócrita siempre valdrá más que republicano.
Hacia el final del servicio religioso, el corazón de Luciano tuvo que realizar un gran, esfuerzo; a pesar de llevar un pantalón blanco del más exquisito frescor, tuvo que poner las dos rodillas sobre la sucia piedra de la capilla de los Penitentes.