Rojo y blanco
Rojo y blanco —¿Qué quiere decir esa cara que pones de disgusto, como si te hubieran servido pastel de Strasbourg pasado? ¿Quieres ser o no algo en el mundo?
—¡Gran Dios! ¡Qué canalla!
—El teniente coronel vale cien veces más que tú; es un paisano que a fuerza de dar sablazos por quien le paga, ha conseguido las charreteras de oro.
—¡Pero es tan vulgar, tan decepcionante!…
—Tiene, sin embargo, un mérito; ha sido produciendo náuseas a sus jefes, si es que estos valen más que él, como les ha obligado a solicitar en favor suyo los ascensos y el grado que hoy ostenta. Y tú, señor republicano, ¿has sabido ganar un solo céntimo durante toda tu vida? Te has tomado la molestia de nacer en cuna de prÃncipe. Tu padre se preocupa de darte todos los gustos; si no fuera asÃ, ¿qué serÃas? ¿Es que no sientes vergüenza, a tu edad, de no ser capaz ni de ganar lo suficiente para pagar tus cigarrillos?
—¡Pero un ser tan vil!…