Rojo y blanco
Rojo y blanco —Aquel joven que está hablando con mi madre es el señor de Lanfort.
—Está muy bien, y tiene modales civilizados; ¿y aquel señor que se apoya en la chimenea con aire tan terrible?
—Es el señor Ludwig Roller, ex oficial de caballerÃa. Los otros dos que están con él son sus hermanos; estos señores carecen de fortuna; sus empleos les eran necesarios. Ahora sólo poseen un caballo para los tres; y, por otra parte, su conversación es singularmente pobre. Ya no pueden hablar sobre eso que ustedes los militares llaman los arreos, la masita de ropa y calzado, y otras cosas curiosas y divertidas. Han perdido la esperanza de llegar a ser mariscales de Francia, como el mariscal de Larnac, que fue precisamente el bisabuelo de una de sus abuelas.
—Su descripción les hace gratos a mis ojos. ¿Y aquel muchacho grueso, bajo y robusto, que me mira de vez en cuando con aire de superioridad y soplando entre sus carrillos como un jabal�
—¡Cómo!, ¿no le conoce usted? Es el marqués de Sanréal, el gentilhombre más rico de la provincia.