Rojo y blanco
Rojo y blanco —¿Es culpa del legitimismo si el legÃtimo es un imbécil? ¿Es que mis colonos quedarÃan desligados del deber de pagarme el importe del arrendamiento por la simple razón de que yo fuese un tonto o un ingrato?
El señor de Puylaurens decÃa pestes de Luis XVIII.
—Este egoÃsta enorme —repetÃa frecuentemente— ha proporcionado una especie de legitimidad a la Revolución. Gracias a él la revuelta tiene aún argumento plausible, ridÃculo para nosotros —añadÃa—, pero que puede convencer a los caracteres débiles. SÃ, señor —decÃa a Luciano al dÃa siguiente de serle presentado—, la corona es un bien y un disfrute pasajero, nada de cuanto haga su actual poseedor tiene fuerza para obligar a su sucesor, ni siquiera el juramento; ya que este juramento, cuando se prestó, era el de un súbdito y no podÃa negar nada a su rey.
Luciano escuchaba aquellas cosas y otras muchas con aire muy atento e incluso respetuoso, tal como conviene a un hombre joven; pero tenÃa sumo cuidado en que su aire educado no llegase nunca hasta poder ser considerado como una aprobación. «Yo, plebeyo y liberal, no puedo ser nada en medio de tanta vanidad, si no es por medio de la resistencia».
Cuando Du Poirier se hallaba presente, le quitaba, sin preocuparse mucho, la palabra al marqués.