Rojo y blanco
Rojo y blanco —La consecuencia de tan hermosas cosas —decÃa— es que llegará el momento en que se dividirán todas las propiedades de una comunidad local en partes iguales entre todos los habitantes del municipio. A la espera de este final deseado por todos los liberales, el Código Civil se encarga ya de hacer de todos nuestros hijos unos pequeños burgueses. ¿Qué noble fortuna podrÃa sostenerse con una continua partición a la muerte del padre de familia? Pero esto no es todo; nos queda el ejército para los segundones; sin embargo, como este Código Civil, al que yo calificarÃa de infernal, prescribe la igualdad entre las fortunas, la conscripción comporta el principio de igualdad dentro del ejército; los ascensos son llanamente concedidos por una ley; ya nada depende del favor del monarca; asà pues, ¿para qué adular al rey? Y, señor, desde el momento en que se plantee esta pregunta, la monarquÃa dejará de existir. Por otro lado, ¿qué es lo que veo? Ausencia de grandes fortunas hereditarias y, en consecuencia, también imposibilidad de la monarquÃa. No nos queda pues, para los campesinos, otra cosa que la religión; ya que, si no hay religión, no puede existir respeto para el hombre rico y noble, y sà un espÃritu examinador verdaderamente satánico; y, en lugar de respeto, la envidia; y a la menor pretendida injusticia, la revolución.
El marqués de Puylaurens continuaba: