Rojo y blanco
Rojo y blanco —Entonces no existe otra solución que llamar a los jesuitas, a los cuales, durante cuarenta años, deberÃa darse, mediante una ley, la dictadura sobre cualquier cosa que afectara a la educación.
Lo curioso del caso es que, al mismo tiempo que sostenÃa tales opiniones, el marqués se decÃa y se creÃa patriota; ello en plan inferior al viejo pillo de Du Poirier, que al salir de casa de los señores de Puylaurens dijo un dÃa a Luciano:
—Un hombre nace duque, millonario, par de Francia; no le corresponde a él examinar si su posición es conforme o no a la virtud, a la felicidad general o a otras lindas cosas. Esta posición es buena; entonces debe hacer todo lo posible para sostenerla y mejorarla, de otro modo la opinión le despreciarÃa como a un cobarde o a un estúpido.