Rojo y blanco
Rojo y blanco Los bellos razonamientos que Luciano hacía todas las noches y que el lector no ha tenido que soportar su explicación más que una vez, constituían la profesión de fe de todo lo que, dentro de la nobleza de Nancy y de la provincia, se elevaba un poco por encima de las inocentes repeticiones de artículos de la Quotidienne y de la Gazette de France. Después de un mes poniendo a prueba su paciencia, Luciano llegó a encontrar verdaderamente intolerable la compañía de aquellos grandes y nobles propietarios, que hablaban siempre como si existieran únicamente ellos en el mundo, sin otros temas de conversación que la alta política o el precio de la avena.