Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero aquellas frases eran raras para el pobre Luciano; su vida volvía a ser triste y monótona. Se había introducido en los salones de Nancy, tenía a su servicio una serie de criados con libreas brillantes; su tilbury y su calesa, que su madre había comprado en Londres, podían compararse con el tren de viaje del señor de Sanréal y con el de los más ricos propietarios de la región; había explicado a su padre todas las anécdotas sobre las primeras casas de Nancy. Y, a pesar de todo aquello, se sentía tan hastiado, por lo menos, como cuando pasaba tardes enteras paseándose por Nancy sin conocer a nadie.

A menudo, cuando estaba a punto de entrar en alguna casa, se detenía en el portal antes de exponerse al suplicio de aquellas voces que dentro de poco atronarían sus oídos. «¿Subo?», se preguntaba. Algunas veces, incluso desde la calle, podía oír aquellas voces. El provinciano, cuando habla, es terrible; cuando no encuentra nada que decir, tiene por lo menos el recurso de la fuerza de sus pulmones; se siente orgulloso de ello, y tal vez con razón, ya que, gracias a esta cualidad, muchas veces triunfa sobre su adversario y le reduce al silencio.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker