Rojo y blanco
Rojo y blanco Aquel grave republicano se dio a placeres de estudiante de bachillerato, como los de pasar a menudo por delante del coronel Malher sin dirigirle la palabra, ni incluso mirarle. En aquello no hacía más que seguir el ejemplo general, pues nadie dirigió una sola palabra a aquel coronel tan orgulloso, al que se le aisló como una oveja sarnosa; era aquélla la expresión con que generalmente se servían en el baile para designar su molesta situación. No tuvo bastante inteligencia para abandonar el baile y sustraerse a una indelicadeza tan unánime. «Aquí es él quien no piensa bien —se dijo Luciano—, y le devuelvo la moneda por la escena que me hizo anteriormente sobre el asunto del gabinete literario. A estas personas groseras no debemos perder la ocasión de demostrarles nuestro desprecio; cuando las personas honestas les desdeñan, se figuran que se les teme».
Al entrar, Luciano observó que todas las mujeres llevaban cintas verdes y blancas, lo cual no le ofendió en modo alguno. Aquel insulto dirigido al jefe del estado, y a un jefe… La nación está colocada en sitio lo bastante elevado para que una familia cualquiera, aunque sea la de un héroe, pueda insultarla.