Rojo y blanco
Rojo y blanco Vuelto un poco en sà de sus primeros transportes, empezó a pensar en su situación.
—Héteme aquÃ, con un destino —se dijo—, aquel de entre todos considerado como el más noble y el más divertido. La Escuela Politécnica me habrÃa hecho montar a caballo al frente de mis artilleros; en cambio, ahora, lo hago con lanceros. La única diferencia —añadió— es que en lugar de saber el oficio superiormente bien, ahora lo ignoro por completo.
El capitán que marchaba a su lado, y que vio aquella sonrisa más tierna que burlona, se sintió algo molesto…
—¡Bah! —continuó Luciano—, asà fue como empezaron Desaix y Saint-Cyr, aquellos héroes que no fueron ensuciados con una corona ducal.