Rojo y blanco
Rojo y blanco Se prepararon para pasar a una tienda vecina, donde debía servirse la cena. Luciano arregló las cosas de manera que pudiera ofrecer su brazo a la señora de Chasteller. A ésta le pareció hallarse muy lejos del estado de ánimo en que se encontraba al principio de la velada. Apenas le quedaba un ligero recuerdo de aquel enorme aburrimiento que apagaba casi su voz durante la primera hora pasada en el baile.