Rojo y blanco
Rojo y blanco Tuvo la idea de expresar sus verdaderos sentimientos por medio de palabras que dirigiría, en apariencia, a las señoras sentadas cerca de él. Para ello era preciso hablar mucho: Consiguió lo que se proponía sin decir demasiadas extravagancias. No tardó en dominar la conversación; mientras divertía extraordinariamente a aquellas señoras sentadas cerca de la de Chasteller, se atrevió a decir cosas que podían tener una aplicación muy tierna, lo que nunca hubiese pensado poder intentar tan pronto. Era seguro que la señora de Chasteller fingiría no comprender aquellas frases indirectas. Luciano consiguió divertir incluso a los hombres colocados cerca de aquellas damas, y que no miraban todavía sus éxitos con la seriedad que proporciona la envidia.
Todos hablaban, y se reía abiertamente por el lado de la mesa en que estaba sentada la señora de Chasteller. Las personas situadas en los otros lugares callaron, para intentar tomar parte en aquella conversación que tanto divertía a las señoras vecinas a la de Chasteller. Ésta estaba muy ocupada con lo que escuchaba, que a veces la hacía reír, y con sus reflexiones intensamente serias, que formaban un extraño contrasté con el tono tan alegre de aquella velada.