Rojo y blanco
Rojo y blanco Miró por el rabillo del ojo al capitán que se hallaba a su derecha y al teniente que estaba a la derecha del capitán, y prosiguió:
—Estos señores forman un verdadero contraste con los lanceros; pasan toda su vida representando una comedia; sienten miedo de todo, con la excepción quizá, de la muerte; son personas como mi primo Dévelroy.
Luciano se dedicó, con delicia, a escuchar a los lanceros; pronto su alma se halló en los espacios imaginativos; gozaba intensamente con su libertad y su generosidad, no veÃa más que grandes cosas a realizar. La necesidad de la intriga y de una vida según el sistema de Dévelroy, habÃa desaparecido de ante él. Las frases más que sencillas de aquellos soldados le producÃan el efecto de una música maravillosa; la vida empezaba a tomar tintes de color rosa.
Repentinamente, en medio de aquellas dos lÃneas de lanceros que marchaban negligentemente y al paso, llegó, al trote largo, por el centro de la carretera, que estaba libre, el teniente ayudante. Dirigió algunas palabras a media voz a los suboficiales, y Luciano observó que los lanceros se erguÃan sobre sus monturas.
—Este gesto les da el mejor aspecto —se dijo.