Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La señora de Chasteller estaba turbada de tal modo, y tan poco acostumbrada a calcular fríamente sus actos, que en aquel momento se olvidó de los detalles de las acciones que constituían la base de su desesperación y de su vergüenza. Nunca se había puesto, a bordar, detrás de su persiana, sin haber alejado a su camarera, y cerrado la puerta de la habitación con llave.

«Me he comprometido ante los ojos del señor Leuwen», se repetía de manera casi convulsiva, apoyada en la mesa de mármol cerca de la cual el señor de Blancet la había acompañado. «Ha habido un momento fatal durante el cual he olvidado cerca de este hombre el santo recato sin el que mi sexo no puede aspirar al respeto del mundo, ni casi a su propia estimación. Si el señor Leuwen posee un poco de esta presunción tan natural a su edad, y que he creído leer en sus maneras cuando le veía pasar por debajo de mi ventana, estoy perdida para siempre, he destruido en un solo instante de olvido la pureza de pensamiento que pudiera haber en mí. ¡Ay!, mi excusa es que ha sido el primer impulso de pasión desordenada que he tenido en mi vida. Sin embargo, ¿puedo decir a la gente esta excusa? ¿Puede esta misma excusa imaginarse? ¡Sí, he olvidado todas las leyes del pudor!».

Se atrevió a decirse aquellas palabras terribles; inmediatamente, las lágrimas que llenaban sus ojos se secaron súbitamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker