Rojo y blanco
Rojo y blanco Gauthier llegó aquella misma tarde del campo. Leuwen quiso hablarle con términos alejados de su situación actual, tantearle, como si dijéramos. He aquà lo que le dijo Gauthier, después de algunas frases de transición:
—Yo tampoco dejo de tener preocupaciones. Estos obreros de N… me tienen muy intranquilo. ¿Qué va a hacer el ejército?
Al dÃa siguiente del baile, el doctor Du Poirier fue a hacer una larga visita a su joven amigo, y sin demasiados preámbulos empezó a hablar de la señora de Chasteller. Leuwen notó que enrojecÃa hasta el blanco de los ojos. Abrió la ventana y se colocó detrás de las persianas, para evitar que fuese examinado fácilmente por el doctor.
«Este pillo viene a formularme un interrogatorio. Veamos».
Leuwen se extendió en frases admirativas sobre la belleza del pabellón en el cual se habÃa bailado la vÃspera. Luego, pasó a comentar la magnÃfica escalera y los jarrones con plantas exóticas que la adornaban; a continuación y siguiendo un orden matemático y lógico, de la escalera pasó a la antecámara y de allà a los dos primeros salones…