Rojo y blanco
Rojo y blanco Después de esta importante resolución, si se hubiese ofrecido a Leuwen llevarle a ser colgado, su manera de ser hubiese aparecido más feliz. A pesar de lo avanzado de la hora, montó a caballo, pero en cuanto estuvo fuera de la ciudad, se dio cuenta de que no tenía fuerzas ni para guiarlo. Devolvió el animal a su criado y empezó a pasearse a pie. A los pocos minutos, cuando sonaban las campanadas de la medianoche, a pesar de las injurias que había dirigido a la señora de Chasteller, fue a sentarse en la piedra que había frente a la ventana de ésta.