Rojo y blanco
Rojo y blanco Al día siguiente, aquella alborada de trompetería que recibe el nombre de diana en los regimientos, despertó a Leuwen a las cinco, pero se puso a pasear gravemente a lo largo de su habitación. Se hallaba profundamente atónito: no pensar únicamente en la señora de Chasteller le dejaba sumido en un inmenso vacío.
«¡Vaya! —se dijo—, ¡Bathilde ya no significa nada para mí!».
Y aquel nombre encantador, que antes producía en él un efecto mágico, no le parecía ya diferente a otro. Su espíritu se entretuvo en detallar todas las cualidades de la señora de Chasteller, pero ya estaba menos seguro de su celeste hermosura, y empezó a pensar nuevamente en ésta.