Rojo y blanco
Rojo y blanco Aquel sentimiento dio un poco de vida al alma de Leuwen.
«¡Sà —se dijo, reanudando su examen crÃtico para distraerse—, si, la nariz aquilina aspirando a la tumba, como dice el enfático Chactas, proporciona excesiva seriedad en un rostro! La seriedad no representarÃa nada, pero los gestos graves, principalmente cuando rechazan, adquieren cierto aire de pedanterÃa, vistos sobre todo con tres cuartos de inclinación.
»¡Qué boca! ¿Es posible concebir un contorno más fino y mejor dibujado? Es bella como la de los antiguos camafeos. Ese contorno tan delicado, tan fino, revela la clase de mujer que es la señora de Chasteller. Con frecuencia, a su pesar, alguna forma encantadora que toma su labio superior avanzándolo un poco, parece perder la forma inicial del contorno, cuando quiere decir algo que la impresiona. No es nada burlona, se reprocha la menor palabra de este género y, no obstante, a la más pequeña expresión enfática, al menor matiz exagerado en las explicaciones de estos provincianos, ¡de qué manera se pliegan las comisuras de esta hermosa! Por esto únicamente las señoras malintencionadas la desconsideran, tal como hizo la señora de Sanréal el otro dÃa hablando con la señora d’Hoquincourt. Tiene un verdadero espÃritu encantador, risueño y divertido, pero se dirÃa que continuamente se arrepiente de haberlo demostrado».