Rojo y blanco
Rojo y blanco Considero que existió una razón importante para que la señora de Chasteller se hablase de esta forma, y que tuvo mucho valor siguiendo el partido que le mostraba la razón. En su vida no se había hallado tan sorprendida.
«Este señor Leuwen, no será después de todo un fatuo, tal como ha corrido la voz. ¿No habrá sido su única finalidad obtener de mí las frases imprudentes que le dije anteayer?».
La señora de Chasteller repasaba en su mente todas las señales del corazón verdaderamente impresionado que había creído ver en él.
«¿Estaré equivocada? ¿Me habrá arrastrado la vanidad hasta este punto? No hay nada verdadero para mí en el mundo —se dijo ella de repente—, si el señor Leuwen no es persona sincera y buena».
Después volvió a caer en sus crueles incertidumbres, rechazando con dolor la palabra fatuo que todo el mundo atribuía a Leuwen.