Rojo y blanco
Rojo y blanco La señora de Chasteller, una vez hecha aquella conversación, se puso decididamente triste. Leuwen empezaba a mirarla de nuevo con la ansiedad de otras veces. Se dijo:
«He aquí que la poca importancia de mi graduación y lo exiguo de mis charreteras están haciendo su efecto. ¿De qué consideración puede vanagloriarse en medio de la alta sociedad de Nancy, teniendo por pretendiente a un mísero subteniente, sobre todo cuanto está acostumbrada a dar el brazo a un coronel, y cuándo éste no es hombre de consideración, a un teniente coronel o, por lo menos, a un jefe de escuadrón? Son necesarias grandes charreteras y más amplios entorchados».