Rojo y blanco
Rojo y blanco Durante aquella observación moral, los dos enamorados tenían un aspecto francamente triste. Momentos antes de la llegada de la señora de Chasteller, Leuwen, para excusar la hora poco apropiada de su visita, había propuesto a las señoras de Serpierre ir a tomar, el café al «Cazador Verde»; habían aceptado. Después de algunas frases de cumplido a la señora de Chasteller y de la explicación de la proposición hecha y aceptada, aquellas señoritas salieron del jardín corriendo para ir a ponerse sus sombreros. La señora de Serpierre las siguió con un paso más calmoso y la señora de Chasteller y Leuwen quedaron solos en una gran avenida de acacias bastante larga; pasearon juntos silenciosamente, pero por los bordes opuestos de la avenida.
«¿Es conveniente para mí —sé decía la señora de Chasteller—, seguir a estas señoritas al “Cazador Verde”? ¿No sería como admitir al señor Leuwen en mí íntima amistad?».