Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hubo un corto silencio. La señora de Chasteller miraba a Leuwen con ansiedad; éste había adoptado un aire muy apenado. Finalmente, como dominando dificultosamente su vergüenza, dijo dudando, y con voz débil y mal articulada:

—¿Podrá creerlo, señora? ¿Podrá escuchar sin burlarse de mí y no creerme el último de los hombres? No puedo apartar de mi pensamiento a la persona que encontré ayer en su casa. La visión de aquella cara atroz, de aquella nariz puntiaguda con lentes, parece que ha envenenado mi alma.

La señora de Chasteller sintió deseos de sonreír.

—No, señora, nunca desde mi llegada a Nancy he sentido lo que sentí después de la visión de aquel monstruo que dejó helado mi corazón. He podido pasar algunas veces hasta una hora entera sin pensar en usted, y lo que me ha parecido todavía más extraño es que he creído no sentir ya amor.

Aquí, la cara de la señora de Chasteller se puso muy seria; Leuwen no vio en ella el menor asomo de ironía, ni la más leve sonrisa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker