Rojo y blanco
Rojo y blanco Pronto oyeron a los coros reanudar su concierto. Al llegar al jardín; Leuwen pretendió que el señor de Serpierre y él tenían grandes deseos de tomar un ponche, que se haría un poco más dulce a fin de que sirviera también para las señoras. Como se encontraban todos muy bien juntos, la propuesta del ponche fue aceptada, a pesar de la oposición de la señora de Serpierre, que pretendía que nada podía ser más perjudicial para la salud de sus hijas. Esta opinión fue, sostenida por la señorita Théodelinde, que sentía demasiado afecto por Leuwen para no hallarse un poco celosa.
—Procure convencer a-la señorita Théodelinde —le dijo la señora de Chasteller alegremente y demostrando amistad.
Por fin, regresaron a Nancy a las nueve y media de la noche.