Rojo y blanco
Rojo y blanco Hacia las seis de la tarde se dieron cuenta de que los obreros habían desaparecido. A las once llegó la infantería, que se hizo cargo de los cañones y el mortero, y a la una de la madrugada, el regimiento de lanceros, muerto de hambre, ,hombres y caballos, inició el regreso a Nancy. Se detuvo seis horas en un pueblo muy tranquilo, en el cual el pan se vendió rápidamente a ocho sueldos la libra y el vino a cinco francos la botella; el belicoso prefecto se había olvidado de reunir víveres. Para los detalles militares, estratégicos, políticos, etc., etc., de este gran asunto, véanse los periódicos de la época. El regimiento se había cubierto de gloria y los obreros habían dado pruebas de una insigne cobardía.
Aquélla fue la primera campaña de Leuwen.
«Al regresar a Nancy —se decía—, suponiendo que lleguemos algún día, ¿tendré valor para presentarme en casa de los Pohtlevé?».
Lo tuvo, pero se moría de miedo al llamar a la puerta. El corazón le latía de tal modo mientras esperaba a la entrada de la residencia de la señora de Chasteller, que se dijo:
«¡Dios mío!, ¿es que una vez más voy a dejar de amarla?».