Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al decir estas hermosas frases, debía haber tomado su sable, ceñírselo tranquilamente y salir.

Lejos de ello, sin pensar en tomar semejante decisión, que hubiese encontrado excesivamente cruel para sí y demasiado peligrosa, Leuwen se limitó a mostrarse desolado por ser despedido. Se había puesto en pie, pero no se iba; intentaba encontrar, evidentemente, un pretexto para quedarse.

—Le cederé a usted el sitio, señor —continuó la señora de Chasteller con una educación perfecta, a través de la cual se podía adivinar toda su altivez, y como despreciando a aquel que no pertenecía a su clase.

Mientras ella recogía el pupitre para llevárselo, Leuwen, completamente encolerizado, le dijo:

—Perdón, señora, me olvidaba.

Y se fue, enajenado de despecho contra sí mismo y contra ella.

Lo único que hubo de acertado en su conducta más que el tono con que fueron pronunciadas estas últimas palabras; pero no se trataba de algo que fuera producto del talento, sino debido simplemente al azar.

Una vez fuera de aquella casa fatal y liberado de las miradas curiosas de los criados, poco acostumbrados a verle salir a aquella hora, se dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker