Rojo y blanco
Rojo y blanco Encontró en aquella casa a su amigo el doctor Du Poirier, que le cogió por un botón de su uniforme, y de buen o mal grado, se lo llevó a pasear por la Plaza de Armas con el fin de terminar de explicarle su sistema para la restauración del poderío político de Francia: el Código Civil, por medio de las particiones que siguen al fallecimiento de cada padre de familia, conducirá a la partición de las tierras hasta lo infinito. La población aumentará, pero será una población desgraciada y falta de pan. Es necesario restablecer en Francia las grandes órdenes religiosas; serán propietarios de vastas extensiones de tierra y harán la felicidad del pequeño número de campesinos necesario para el cultivo de éstos vastos dominios.
—Créame, señor, nada hay tan funesto como una población excesivamente numerosa y demasiado instruida…
Leuwen se condujo de forma conveniente.
—Todo esto es plausible —contestó—… Hay mucho que hablar sobre ello… No estoy lo bastante preparado para discutir sobre temas de tan elevado interés…
Opuso algunas objeciones, pero inmediatamente adoptó el aire de admitir los grandes principios del doctor.