Rojo y blanco

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Leuwen se permitía ir cada mañana. Al tercer día de la enfermedad, salía de casa de los Pontlevé francamente inquieto por las ambiguas respuestas obtenidas del doctor Du Poirier. Al subir a su coche, lanzó el caballo al galope con demasiada rapidez y en la plaza adornada con tilos cortados en forma de parasol que recibía el pomposo nombre de paseo público, pasó muy cerca del señor de Sanréal. Éste salía de comer y mientras esperaba la hora de la cena, apoyándose en el brazo del conde Ludwig Roller, paseaba su ociosidad por las calles de Nancy.













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