Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pueden ustedes desobedecerme a mí, que no soy más que un gusano, pero ¿se atreverían a desobedecer al rey legítimo, a Carlos X? —les dijo en cuanto comprobó que cada uno, a su vez, se había dado el gusto de hablar de sus antepasados, de su bravura, del lugar que había ocupado en el ejército antes de las fatales jornadas de 1830…—. El rey no quiere que haya ninguna fricción con sus regimientos. Nada sería más impolítico que una riña entre un cuerpo de nobleza y un regimiento.

Du Poirier repitió esta verdad tan a menudo y empleando formas tan diferentes, que terminó por penetrar en aquellas cabezas poco habituadas a comprender alguna novedad. Los amores propios capitularon por medio de una charlatanería a la cual Du Poirier calculó una duración de tres cuartos de hora o una hora. Para intentar perder el menos tiempo posible, Du Poirier, cuya áspera vanidad empezaba a sentirse calmada por el tedio, se encargó de dirigir una serie de frases amables a cada uno de aquellos personajes. Conquistó al señor de Sanréal, que proporcionaba razones a los Roller, pidiéndole sirviera vino quemado. Sanréal había inventado una nueva manera de hacer aquella adorable bebida, y salió de la habitación para prepararla con sus propias manos.

Cuando todos se hubieron sometido a los dictados de Du Poirier, dijo éste:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker