Rojo y blanco
Rojo y blanco —Dentro de este tiempo, Leuwen se marchará de Nancy, o por lo menos no irá más a casa de la señora de Chas teller. Eso es precisamente lo que ustedes desean y les he demostrado ya que ninguna de estas dos cosas las podrÃan conseguir mediante un duelo.
Fue necesario repetir aquello con palabras diferentes durante más de una hora. ¡Los dos comisarios pretendÃan que su derecho, lo mismo que su deber, consistÃa en enterarse del secreto!
—¿Qué papel haremos —dijo Sanréal—, si los señores que nos esperan en mi salón se enteran de que nos hemos quedado aquà durante una hora para no enterarnos de nada?
—¡Pues bien!, déjenles entender que ustedes lo saben —contestó frÃamente Du Poirier—; yo les secundaré.
Fue preciso todavÃa otra larga hora para hacer aceptar aquel mezzo termine por la vanidad de aquellos señores.