Rojo y blanco
Rojo y blanco Nancy, esta plaza fuerte, obra maestra de Vauban, le pareció abominable a Luciano. La suciedad y la pobreza, parecían disputarse la supremacía, y las fisonomías de los habitantes respondían perfectamente a la tristeza de los edificios. Por todas partes Luciano no vio otras caras que de usureros, fisonomías mezquinas, puntiagudas, odiosas.
—Estas gentes no deben pensar en otra cosa que en el dinero y en los medios para procurárselo —se dijo con disgusto—. Éste debe ser, sin duda, el carácter y el aspecto de esta América que los liberales nos alaban con tanto entusiasmo.
Aquel joven parisién acostumbrado a los rostros limpios de su país, estaba desagradablemente impresionado. Las calles estrechas, mal pavimentadas, llenas de esquinas y de rincones, no tenían de remarcable más que una abominable suciedad; en medio de ellas corría un arroyo de agua lodosa, que le pareció como si fuera pizarra fundida.