Rojo y blanco
Rojo y blanco —El candidato ministerial estará perdido. Se trata de un bribón bastante despreciado, y la vÃspera de la elección se harán circular tres cartas en las cuales se demuestra claramente que se dedica un poco al noble oficio de espÃa. Esto explica la cruz que le concedieron el pasado 1.º de mayo, y que ha llenado de envidia y celos a todo el distrito de Beuvron. Te diré, con el mayor secreto, mi querida Bathilde, que tenemos ya hechas las maletas; ¡qué ridÃculo si no sale mi marido elegido! —añadió riendo—. Pero también debemos pensar que si conseguimos lo que nos proponemos, al dÃa siguiente del gran dÃa partiremos hacia ParÃs, donde pasaremos por lo menos seis largos meses. Y tú vendrás con nosotros.
Aquellas últimas palabras, hicieron sonrojar a la señora de Chasteller.
—¡Vaya!, Dios mÃo, querida —dijo la señora de Constantin interrumpiéndose—, ¿qué es lo que te pasa?
La señora de Chasteller estaba púrpura. Se hubiera sentido feliz si en aquel momento la señora de Constantin hubiese recibido la carta que el criado le llevaba a Darney; en ella habÃa escrita la frase fatal: «una mujer a quien tú aprecias, ha entregado su corazón».
Finalmente, la señora de Chasteller dijo con infinita vergüenza: