Rojo y blanco
Rojo y blanco —No se trata en absoluto de saber si he hecho o no la guerra —respondió con tono muy seco—, sino de si tiene usted, maestre de postas, un caballo en venta.
Al señor Bouchard, al verse tan limpiamente devuelto a su lugar, le pasó por el pensamiento la idea de dejar plantado allà al joven oficial; pero perder la ocasión de ganar diez luises y, sobre todo, privarse voluntariamente de un chalaneo de una hora, fue imposible para aquel maestre de postas. En su juventud habÃa estado en el ejército y miraba a los oficiales de la edad de Luciano como a niños que juegan en el patio de una escuela.