Rojo y blanco
Rojo y blanco —Venimos por un asunto de dinero, que puede ser interesante para el señor prefecto.
La importancia del criado pareció escandalizarse; pero no se movÃa.
—¡Eh, pardiez!, es para comprar vuestro Lara, el que tira por tierra a vuestro prefecto —añadió el ex sargento.
Al oÃr aquellas palabras, el criado desapareció, rogando a aquellos caballeros que tuvieran la bondad de esperar.
Al cabo de diez minutos, Luciano vio avanzar, gravemente, a un hombre joven, de cuatro pies y medio de estatura, que tenÃa a la vez un aire tÃmido y pedante. ParecÃa llevar con respeto una hermosa cabellera que de tan rubia no tenÃa color. Aquellos cabellos, de finura extraordinaria y muy largos, estaban partidos en la parte superior por una raya perfectamente trazada y que dividÃa la frente del prefecto en dos mitades iguales, a la alemana. A la vista de aquélla figura, que parecÃa marchar sobre resortes, y que pretendÃa tener a la vez gracia y majestad, la indignación de Luciano desapareció; fue reemplazada por unos deseos locos de reÃr, y tuvo que realizar grandes esfuerzos para no soltar, la carcajada.