Rojo y blanco
Rojo y blanco —Esta cabeza de prefecto —se dijo—, es Una copia de las figuras de Cristo de Lucas Granach. ¡He aquÃ, pues, uno de esos terribles prefectos contra los cuales los periódicos liberales claman cada mañana!
Luciano, no se extrañó de la larga espera; examinaba aquel ser que se aproximaba bastante lentamente y bamboleándose; era el aire de un personaje naturalmente impasible y por encima de todas las impresiones de aquà abajo. Luciano se hallaba de tal modo absorto en la contemplación que se produjo un silencio.
El señor Fléron se sintió halagado por el efecto que producÃa, ¡y tanto más cuanto que era en un militar! Finalmente preguntó a Luciano qué era lo que podÃa hacer en su servicio; pero aquella frase fue lanzada de cualquier modo y con un tono que merecÃa ser contestada con una impertinencia.
Lo que verdaderamente preocupaba a Luciano era no soltar la carcajada en las mismas barbas del personaje. Por desgracia, se acordó de un tal señor Fléron que era diputado.
—Este ser probablemente será el digno hijo o sobrino de aquel señor Fléron que llora de ternura cuando habla de nuestros dignos ministros.
Aquel recuerdo, todavÃa bastante reciente, fue demasiado para nuestro héroe: estalló en risas.