Rojo y blanco
Rojo y blanco —¿Qué prefieres, un artista perfectamente educado, agradable, de modales irreprochables, que haga verdaderos engendros, o un hombre de actitudes groseras, preocupado por el fondo de las cosas y no por su forma, que produzca obras maestras? Si al cabo de dos años de estar en el ministerio, el señor de Vaize ha organizado veinte departamentos, la Agricultura ha dado un paso de gigante, o la moralidad pública empieza a imperar, ¿no podrás perdonarle una inflexión un poco descuidada e incluso grosera, cuando se dirige a su primer ayuda de campo, hombre joven al que él ama y considera en lo que vale, y que, por otra parte, le es necesario? Perdónale el tono ridÃculo en que puede caer sin darse cuenta, ya que él es hombre ridÃculo y enfático. Tu deber consiste en recordarle la atención que te debe por medio de una conducta firme y de palabras oportunas e insinuantes.
El señor Leuwen habló durante largo rato, sin poder entablar conversación con su hijo. No le gustaba aquel aire soñador.
—He visto que en el primer salón estaban esperando dos o tres agentes de cambio —dijo Luciano; y se levantó para dirigirse nuevamente a la calle de Grenelle.
—Amigo mÃo —le dijo su padre—, tú que tienes buena vista, léeme un poco los Débats, la Quotidienne y el National.