Rojo y blanco
Rojo y blanco «En cuanto a Su excelencia —pensó Luciano—, ¿por qué no he de mostrarme natural con él, como con todo el mundo?».
—Excusas de perezoso. ¡Actúa!
—Quiero decir que me mostraré frÃo y respetuoso, dejando siempre entrever, incluso claramente, el deseo de ver terminarse las relaciones sobre asuntos serios con tan elevado personaje.
—¿SerÃas capaz de emplear con él un tono ligero y algo burlón? Se dirÃa: ¡he aquà un digno hijo de su padre!
—Las ideas divertidas que se presentan a tu imaginación en un segundo, a mà tardan en ocurrÃrseme diez minutos.