Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Bravo! Tú ves las cosas por el lado útil y, lo que aún es peor, por el lado honesto. Todo eso está fuera de lugar en Francia, y es ridÃculo. ¡Ya ves tu saint-simonismo! Si habÃa algo bueno, se ha vuelto odioso e ininteligible en el primer piso, en el segundo y aún en el tercero; únicamente tiene importancia en las buhardillas. FÃjate en la Iglesia francesa, tan razonable y la fortuna que ha conseguido. Este pueblo nuestro no estará a la altura de la razón más que hacia el año 1900. Hasta entonces, por instinto, no deben ver las cosas más que por su lado ameno, y no ver lo útil y lo honrado más que por medio de un esfuerzo de la voluntad. £1 abate Galeani veÃa pasar un convoy por la calle de Toledo. Me hubiera guardado de entrar en estos detalles antes de tu viaje a Nancy, y ahora encuentro placer en hablar de ellos contigo.
—¿Conoces esa planta que, según dicen, cuanto más se aprieta en la parte baja de su tedio, más crece? DesearÃa poseer una; si es que existe, se la pediré a mi amigo Thouin y te mandaré un ramo de ellas. Esta planta debe ser la imagen de tu conducta a seguir con el señor de Vaize.
—Pero, padre, el agradecimiento…