Rojo y blanco
Rojo y blanco —Este diablo de general N… no piensa en otra cosa que en ser teniente general. Es, como sabe usted, el jefe de policÃa del Castillo. Pero esto no es todo: quiere ser ministro de la Guerra, y como tal, mostrarse lo más hábil posible en la parte más difÃcil de este pobre ministerio —añadió con desprecio el gran administrador—: velar para que no se establezca una excesiva intimidad y confraternización entre los soldados y los ciudadanos y, mientras, sostener entre ellos duelos seguidos de muerte, por lo menos a seis por mes.
Luciano le miró.