Rojo y blanco
Rojo y blanco —Por toda Francia —prosiguió—; es la tasa acordada en el Consejo de Ministros. El general N… se habla contentado hasta el momento con hacer circular por los cuarteles rumores de ataques y emboscadas realizados por agentes del bajo pueblo, por obreros, contra militares aislados. Estas clases se acercan una a otra por medio de la dulce igualdad; se aman y comprenden; es preciso, pues, para desunirlas, una continua acción de la policÃa militar. El general N… me atormenta sin cesar para que haga insertar en mis periódicos, descripciones detalladas de todas las peleas de taberna, groserÃas de cuerpo de guardia y riñas de beodos, de las cuales él se entera a través de sus hombres disfrazados de sargento. Éstos tienen órdenes de observar las borracheras sin dejarse tentar jamás por el vino. Cosas como éstas constituyen un suplicio para nuestros hombres de letras. ¿Cómo podemos esperar, dicen éstos, efecto alguno de frases delicadas, de rasgos de ironÃa de buen gusto, después de tales porquerÃas? ¿Qué pueden importar a la buena sociedad tales sucesos de taberna, que son siempre los mismos? Ante la exposición de todas estas vilezas, el lector, con algo de gusto literario, tira el periódico y añade, no sin razón, algunas frases de desprecio sobre los escritores asalariados.