Rojo y blanco
Rojo y blanco «Cualquier retraso constituye un resto de incertidumbre; y una cobardÃa, podrÃa añadir una lengua enemiga».
Ante aquella palabra que se habÃa pronunciado a sà mismo, volvióse hacia el ministro, que seguÃa paseándose con aire heroico.
—Estoy dispuesto, señor. ¿El ministerio del Interior ha intervenido para algo en este asunto?
—La verdad es que lo ignoro.
—Voy a enterarme de cuál es la situación y vuelvo.
Luciano se dirigió al despacho de Desbacs y, sin comprometerse en modo alguno, le mandó a informarse por los departamentos. Regresó casi en seguida.
—Aquà tiene —dijo el ministro—, una carta que pone a sus órdenes a todo el personal de los hospitales, y oro.
Luciano se acercó a una mesa para escribir cuatro lÃneas de recibo.
—¿Qué hace usted, querido? ¿Un recibo entre nosotros? —preguntó el ministro con afectada ligereza.
—Señor ministro, todo cuanto hagamos aquà puede un dÃa aparecer en letra impresa —dijo Luciano con la seriedad de quien defiende su cabeza del cadalso.
La mirada que le dirigió, quitó toda la facilidad de movimientos a Su Excelencia.