Rojo y blanco
Rojo y blanco —Debe esperar encontrar a la cabecera de la cama de Kortis algún agente del National o de la Tribune. Sobre todo, no se deje llevar por sus impulsos, nada de duelos con estos caballeros. Ya supondrá que si algo asà sucediera, constituirÃa una gran ventaja para ellos y el general N… triunfarÃa sobre mi desventurado ministerio.
—Le respondo de que no tendré ningún duelo, por lo menos mientras Kortis viva.
—Éste es el asunto más importante del dÃa. En cuanto haya hecho usted lo posible, búsqueme donde me encuentre. He aquà mi itinerario. Dentro de una hora iré a Hacienda, de allà a casa de…, a casa de… Le quedaré muy reconocido si me tiene al corriente de la marcha de sus gestiones.
—¿Su Excelencia me ha puesto al corriente de todo cuanto ha hecho? —preguntó Luciano con mirada significativa.
—¡Palabra de honor! —exclamó el ministro—. No he dicho ni una sola, palabra a Crapart. Por mi parte, le entrego el asunto completamente virgen.
—Su Excelencia me permitirá que le diga, con el debido respeto, que en el caso de que me encuentre con alguien de la policÃa me retiraré. Una vecindad asà no se ha hecho para mÃ.