Rojo y blanco
Rojo y blanco Bien pronto empezaron a afluir a la sala de guardia médicos y cirujanos, pero reinaba un gran silencio, y aquellos caballeros presentaban un aspecto preocupado y sombrÃo. Cuando Luciano vio que habÃa siete médicos o cirujanos reunidos, les dijo:
—Les propongo a ustedes, caballeros, en nombre del señor ministro del Interior, del cual tengo una orden en mi bolsillo, tratar a Kortis como si perteneciera a la clase social más elevada. Me parece que es conveniente para todos.
Se produjo un asentimiento desconfiado, pero general.
—¿No creen ustedes conveniente que nos dirigiéramos todos al lado del herido, y seguidamente hacer una consulta? Haré redactar un atestado de todo cuanto se diga, y lo llevaré al ministerio del Interior.
El aspecto decidido de Luciano se impuso sobre aquellos señores, la mayorÃa de los cuales tenÃan libre la tarde y pensaban pasarla de la manera más provechosa o alegre.
—Señor, yo he visto esta misma mañana a Kortis —dijo con aire decidido una cara demacrada y avara—. Es hombre muerto: ¿para qué una consulta?
—Caballero, iniciaré el atestado con sus manifestaciones.
—Pero, señor, no hablaba con la intención de que mi observación pudiera ser repetida…