Rojo y blanco
Rojo y blanco —El señor de Vaize te llevará mañana a comer a casa de su colega, de Asuntos Exteriores. Pero han habido ya bastantes duelos en tu vida, y ahora uno de ellos serÃa de mal tono para ti… Estos señores se han prometido uno al otro destituirte dentro de dos meses o nombrarte prefecto de Besançon o de Pondichéry. Pero si esos empleos tan alejados de ParÃs no te gustan, les meteré el miedo en el cuerpo e impediré tu disfavor… Por lo menos lo intentaré con bastantes esperanzas de éxito.
La comida en casa del señor ministro de Asuntos Exteriores se hizo esperar hasta el otro dÃa, y durante el intervalo, Luciano, que seguÃa ocupado en el asunto Kortis, no permitió que el señor de Vaize le hablara del incidente.
Al dÃa siguiente de la comida, el señor Leuwen padre explicó la anécdota a tres o cuatro diplomáticos. Únicamente se calló el nombre de Kortis y la clase de asunto importante que obligó a su hijo a buscar al ministro a la una de la madrugada.
—Todo lo que puedo decir sobre lo avanzado de la hora, es que no se trataba de un asunto del telégrafo —dijo al embajador de Rusia.